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diumenge, 24 de gener del 2016

[100] No dejamos nada...

El pasado mes de septiembre, el compañero Ramón Paraíso en esta misma revista publicaba un artículo llamado Reencuentros en la tercera fase. Paraíso reflexionaba sobre la visión que tendrán sus alumnos de él en el futuro como profesor. La lectura de este artículo me ha llevado a una opinión muy clara sobre la huella que dejamos nosotros los docentes en la educación del alumno. Y voy a ser sincero: no dejamos nada

Lo tengo bien asumido. No dejamos nada de nada, nuestra labor sale con la misma facilidad con la que entra. Por más tablets que tengamos en clase, por más flipped que nos pongamos, por más ABP’s que les metamos en el aula, nuestros pupilos no nos recordarán. Admitámoslo: los docentes tenemos el ego subidito, creemos que somos el profesor Keating y que nuestras clases cambiarán el porvenir de esos alegres muchachos para que lleguen a ser personas creativas, libres, capaces de decidir su propio destino. Seremos líderes de su propia revolución, faros de su existencia, un rayo de luz que los guiará hasta conseguir todo lo que se propongan. #No

Personalmente, no me preocupa nada el recuerdo que tengan los alumnos de mí. De hecho, desde mi posición como profesor de adultos, ni tan siquiera debería ser recordado. Creo que el profesor tiene que ofrecer escenarios que enciendan la curiosidad del alumno y le empuje a ser mejor persona. Pero debe ser invisible, desdibujar su figura para no interferir en el reencuentro entre el proceso de aprendizaje y el alumno. Sí, yo también puedo pecar de idealismo/romanticismo docente. Pero es el mejor punto de partida para tratar a los alumnos desde su propia idiosincrasia, dado que hay que tener en cuenta que no tratamos con pedazos de barro que hay que moldear. Son personas que ya vienen moldeadas de casa.

Todas ellas están formadas por vivencias, virtudes, defectos, fracasos, sueños, expectativas de futuro, deseos, desengaños, alegrías, lecturas, intereses, aficiones, etc. Desde esta pluralidad se hace harto complicado llegar a influir con nuestras clases, nuestras metodologías o nuestras TIC. El recuerdo en la memoria de los alumnos dependerá únicamente de ellos. Aunque no todo está perdido. Si queremos llegar a la conciencia de nuestros pupilos hay una estrategia que el profesor debe saber gestionar: el sello personal docente.
Nada de lo que hagamos en clase tendrá vida más allá de lo anecdótico si nos limitamos a impartir contenidos sin más, sin pasarlos por el filtro de nuestra personalidad. Lo más eficaz es enseñar desde la sinceridad, desde la empatía, desde la experiencia, desde la proximidad, desde la asunción de las virtudes y de los errores del profesor que se vuelca de lleno en el alumno, sin añadir etiquetas ni ideas preconcebidas sobre él. Pero sin esperar nada a cambio. Nunca.

Pasar a la posteridad de los alumnos, convertirnos en “memorables”, como diría Fernando Trujillo, no depende tanto de la metodología, sino especialmente de nuestros actos en el aula, de nuestra gestión emocional del alumnado, de tener un código docente inclusivo. No hablamos, por tanto, de ser más original, más innovador o más “colega”. Hablamos de ser más coherentes con nuestra docencia, de ser conscientes de nuestra labor, de saber dotar de humanidad y respeto las clases. Y esto, por desgracia, no es algo que se aprenda en Magisterio o en ningún máster. Hay quién lo llamaría vocación. Yo prefiero llamarlo honestidad. Y no sólo con el alumno, sino con su futuro. Y con nuestra profesión.

Aunque nuestro sello personal docente tiene también que visualizarse en la gestión de los contenidos de la asignatura. En este aspecto, guardo buenos recuerdos de algunos profesores. Pero ninguno hizo nada destacable para “molar”. Y dudo que tuvieran la intención de ser recordados. Lo único que hicieron fue conectarme con los contenidos de manera natural. A este tipo de profesores les encantaba la asignatura que impartían, la explicaban de tal modo que te envolvían y producían interés, te obligaban a entrar en ella, sumergirte para saber más. Y no se ayudaban de espectaculares metodologías didácticas, ¡muchos lo hacían con metodologías tradicionales! ¿Era posible eso? ¿Y cómo lo conseguían? Porque daban sentido al contenido, revisándolo desde perspectivas modernas, actuales, situándolo en un contexto real, cercano. Y lo mejor de todo: despertaban el sentido crítico, una mirada nueva que, en mi caso, me ha permitido poner en cuestión el mundo, generar opiniones diferentes y debates llenos de muchos matices.
Es posible que así —y solo así— dejemos algo de nosotros. Y si no, no pasa nada. No hay que pensar que hemos fracasado. Será entonces cuando deberemos exigirnos más, reflexionar sobre nuestras acciones en clase y encontrar el modo de llegar al recuerdo de los alumnos. Seguramente descubriremos que el impacto emocional en el alumno no se rige por el uso de las innovaciones metodológicas y los recursos TIC más de moda. Sólo con nuestra actitud como docentes, con la manipulación didáctica (en el buen sentido) de nuestros conocimientos, con saber compartirlos desde la perspectiva de los alumnos, con saber aportarles significado en sus vidas para crear colaborativamente una experiencia de aprendizaje podremos proporcionar una educación que perdure en el recuerdo.

Por tanto, no es plantearse que “esto y aquello les va a gustar, les va a encantar, estarán entretenidos…” Nada de eso. Hay que compartir esa experiencia, ese reto capaz de hacer reflexionar al alumno, generarle curiosidades y dudas, construir puentes entre su realidad y los contenidos de la asignatura para conectar (de un modo inconsciente) con el aprendizaje que eclosionará (de un modo consciente) tarde o temprano de su interior. Porque de eso se trata: para que fluya la verdadera educación debemos conocer y enseñar al alumno presente para conectarlo con el alumno futuro. Y cuando estos elementos hagan el “click”, los alumnos nos recordarán en un momento u otro de sus vidas.

En definitiva, no nos debería obsesionar qué pensarán nuestros antiguos alumnos sobre nosotros, sino qué huellas nos han dejado ellos para mejorar la labor en clase con los alumnos que están por venir. Porque lo que para los docentes debe ser más importante es que tengamos presente el recuerdo de nuestros alumnos en los cursos posteriores, ya que influye de verdad en el aula y dejan poso en la educación. Son tan generosos que nos dejan su conocimiento presente para que lo invirtamos en mejoras de futuro. Por ello nosotros, los profesores y profesoras deberíamos recordarlos. A todos. Y hagámoslo con cariño, porque lo son TODO.


Article publicat originalment a INED21.

dijous, 31 de desembre del 2015

[099] Els titulars didàcTICs del 2015

No podia ser d'una altra manera. Acaba aquí el 2015 i voldria fer un balanç del que ha estat un any de redescobriments, de renaixença, de revolucions. I per explicar-ho, ho faré a través de titulars de diari, ja que molts d'aquests fets, siguin positius o no, han estat notícia i han determinat la meva experiència docent d'enguany.

Aquests són, doncs, els titulars didàcTICs del 2015. Espero que us agradin!

Els alumnes fan un tast 
de la #gramàticaMàtrix 

En el primer trimestre del curs, els alumnes de GES del Centre de Formació Permanent d'Osona Sud (CFPOS) han pogut posar a prova la #gramàticaMàtrix. Aquesta concepte és idea de Josep Miquel Arroyo, professor d'aquest centre, el qual pretén acostar la gramàtica per fer-ne un ús conscient per part dels usuaris.
La idea es va començar a gestar el curs passat, després de diverses experiències positives amb els alumnes i d'una profunda reflexió docent que Arroyo es va veure obligat a fer. El professor vigatà considera que, des de la seva perspectiva metodològica, "no hi ha prou amb la superació d'un repte, sinó reflexionar sobre com l'has superat, especialment a nivell lingüístic". És doncs, des d'aquesta experiència que Arroyo va donar forma a la #gramàticaMàtrix, un enfocament gramatical basat en la unió d'allò que saben els alumnes amb el que han d'aprendre durant el curs. 

Tot i que les primeres incursions van ser poc alentadores, hi ha hagut prou indicis per part d'alguns grups que s'està treballant de manera significativa en la millora de la gramàtica i de l'ús que en fan dia a dia els seus alumnes. Està convençut que al 2016 es veuran resultats positius i concluents pel que fa a la implementació d'aquest enfocament gramatical.


El portafoli lingüístic de GES 
arriba a la versió 2.0

Després d'un curs en marxa, el portafoli lingüístic de GES s'actualitza. Cap a inicis de gener, els usuaris del portafoli rebran una actualització de l'eina d'aprenentatge que va sorgir durant el passat curs 2014-15. Entre les millores, cal destacar la integració invisible en el procés d'aprenentatge, la millora de les qüestions relacionades a copsar els aprenentatges previs i les reflexions durant el trimestre. A més, s'integra de manera conscient a la #gramàticaMàtrix.


La formació d'adults, 
el despertar de la força

L'any 2015 serà recordat cinematogràficament per l'estrena del capítol VII de la famosa saga Star Wars. Però també ho serà per a la formació d'adults, ja que enguany s'ha realitzat una tasca molt interessant per visibilitzar que hi ha molt bones idees en aquest àmbit per a la millora educativa dels alumnes.

Un exemple és el del Josep Miquel Arroyo, professor del CFPOS. Ell n'està modestament satisfet del que ha viscut i del que ha pogut aportar a aquest despertar durant 2015. En destaca, inicialment,  la formació obtinguda a través de diversos events, com ara el II Encuentro de Docentes de Lenguas de Secundaria. A més, ha tingut la possibilitat de participar a l'Escola d'Estiu de l'Educació de les Persones Adultes impartint un taller. Per al docent vigatà va ser una experiència molt satisfactòria que connecta amb el seu futur formatiu a mig termini: el doctorat.
Arroyo lamenta, però, no haver assistit al #betacamp, tot i que espera ser-hi en una propera edició. D'altra banda, a la xarxa ha fet pinya amb altres companys* amb els quals comparteix objectius de reivindicació de la bona feina que es fa des de les escoles d'adults, així com des de la comunitat educativa en general. "Tinc previst una col·laboració estable #aquatremans amb Ramon Paraíso per difondre aspectes sobre la formació d'adults i, també, m'agradaria donar continuitat a la iniciativa del web La formació d'Adults, engegada per Quim Balaguer", explica Arroyo.

Un altre fet que vol rememorar és la participació a la revista educativa digital INED21, plataforma des de la qual reivindica el paper de les escoles d'adults en l'entramat educatiu. Però el millor està per arribar, ja que al centre on treballa s'està treballant en un projecte de millora, el qual encaminarà el seu futur els propers anys. 

Per acabar, Arroyo confessa que el desig que més espera que es compleixi durant el nou any és el de la creació d'una xarxa d'escoles d'adults i de professionals en aquest sector per tal de fer-la visible i, com diria Jordi Martí, deixi de ser menystinguda per la comunitat educativa. 

Encara queda feina per fer i Josep Miquel Arroyo continuarà amb la difusió de les bones pràctiques a l'educació d'adults, sumant esforços com la resta de grans professionals que s'hi dediquen. Per això espera que, al 2016, el despertar d'aquesta força sigui un èxit, no de taquilla, sinó educatiu.


*Gràcies a Ramon Paraíso, Quim Balaguer, Jaume Sans, Joan Padrós, Ester Badal, Javier Íñiguez, Anna Tur, Maximiliano Alcañiz, M.Àngels Araujo, Imma V., Josep Maria Planas, Joan Moya, Diego Redondo, Blanca Pi, Sergi Cercós, Palmira Freixa, Fèlix Eroles i Carme Duran. I, també gràcies per la vostra inspiració, Jordi Martí, Toni Solano, Óscar Boluda, Germán Cánovas, Jordi Domènech, la gent de Xatac5, els de GrOC, Carme Bové, Sergi del Moral, Boris Mir, Helena Erviti, Anna Guim, Ángel J. Gallego, Imma Oliva, la gent de #betacamp, Elisa Tormo, i a tothom qui segueixo a través de les xarxes socials (perdoneu si no us esmento a tots!). Sou la meva formació. Visca Twitter!!!

dissabte, 21 de novembre del 2015

[095] Walk: un paso adelante para una nueva escuela de adultos


I’m learning to walk again I believe I’ve waited long enough Where do I begin? I’m learning to talk again Can’t you see I’ve waited long enough Where do I begin?
Walk, Foo Fighters (Wasting light, 2011)
 
Son tiempos inciertos para la formación de adultos. Al menos es la impresión que me deja este inicio de curso. Para quien no lo sepa, el mes de septiembre -especialmente en las escuelas de adultos de carácter municipal- es una pesadilla para los docentes. Es la época de hacer el seguimiento a la oferta formativa para que los cursos se puedan abrir con el mínimo de plazas exigidas por los ayuntamientos. Y me he dado cuenta de que, con respecto a otros años, los cursos no acaban de llenarse, el ritmo de inscripciones no ha sido tan intenso como otras veces. Y me temo que no es un asunto local. Entonces, ¿qué pasa? ¿Quiere decir, pues, que hemos tocado techo? ¿Las escuelas de adultos han llegado al final del camino?

Home Noticias Pasos a seguir para iniciar un proceso de maternidad ...
¡En absoluto! No me lo creo, ¡por supuesto! Pero sí creo que no conectamos con un sector de público que se oculta por motivos que desconozco. Estoy convencido de que, a pesar de las incertidumbres, hay lugar todavía para la formación de adultos. Pero para salir del callejón sin salida, tenemos que ir en busca de nuevos horizontes. No podemos esperar milagros, tampoco se puede vivir del pasado, de los logros conseguidos años atrás. Demos un paso adelante, sigamos el camino hacia una nueva escuela de adultos.

Y esto, ¿como se hace? A continuación propondré una serie de guías para no perdernos mientras caminamos. Así, empezaremos a generar un replanteamiento del sentido de la escuela de adultos.

1. Deshacernos de las etiquetas
Hemos avanzado mucho hasta ahora gracias a una labor encomiable. ¡Pero hagámosla visible, corcho! Compartámosla, enseñémosla a la sociedad, a la gente, a la comunidad educativa para demostrar que hay ilusión, vida y motivación para ser mejores. Pero enseñémosla también para eliminar falsas etiquetas. La escuela de adultos no es una extensión de un espacio para la gente mayor ni un centro cívico como mucha gente se piensa. Es el ágora donde todo el mundo tiene cabida, el punto de reencuentro del pasado y del futuro, el altavoz de todas las oportunidades que la vida ofrece a nuestros alumnos para iniciar un porvenir, una mejor calidad de vida, una mejor (re)educación.


2. Tomar el pulso al entorno
La sociedad cambia y, por lo tanto, las necesidades también lo hacen con el paso del tiempo. Tenemos que captar, pues, la realidad social que rodea a la escuela de adultos para dar respuesta a cualquier demanda educativa. Esto facilitará la cohesión de la escuela con el entorno, con el tejido educativo y cultural del municipio o ciudad.

 
3. Saber utilizar la reflexión
Además, debemos exigirnos autoanálisis para mejorar. El aspecto reflexivo permite la valoración de cualquier elemento de la escuela de adultos: desde la gestión pura y dura hasta la tarea administrativa, pasando por la docente, las metodologías -y los métodos-, las evaluaciones, etc. Así, la valoración debe conducir a la reflexión, a nuevos objetivos, a nuevos retos, al conocimiento real de la situación.

En definitiva, la práctica reflexiva tiene que ser el auténtico revulsivo para ir con paso firme hacia el futuro.


4. Tener siempre un plan B (y un plan C, D,...)
No hay soluciones mágicas para la baja demanda de alumnos. De hecho, ni para cualquier adversidad. Sólo hay trabajo constante, planificación de estrategias de futuro consensuadas por el equipo directivo, por los docentes y, en caso de escuelas municipales, también por los ayuntamientos. Hay que vivir en el presente curso, pero también tener perspectiva y preparar el terreno del futuro para actuar a tiempo con más eficacia.

Yatrogenia: Estúpida y rencorosa margarita

5. Querernos más
Muchos docentes de la escuela de adultos somos personas preparadas para este trabajo: licenciados, profesionales que se han formado académicamente para esta tarea y que, desgraciadamente, están infravalorados. Tenemos que presumir de equipo docente, de profesores, hagámonos valer y mostrémonos como piezas imprescindibles para la mejora de los centros de adultos. Somos PROFESIONALES, sí. Y somos quien debe liderar el cambio en el aula y en la escuela. Somos, por lo tanto, personas que tiene un compromiso con la educación de adultos y que aportaremos a la comunidad todo lo posible para innovar en este ámbito.

Sintámonos orgullosos de pertenecer a una parte de la educación que, a menudo, no se le quiere lo suficiente. ¡Proclamemos a los cuatro vientos nuestro amor a la formación de adultos!


6. No desfallecer NUNCA
Si la situación actual es complicada, tenemos que ser fuertes. Analicemos la situación, sacudámonos, reinventémonos, cambiemos el rumbo. Pero nunca dejemos que la marea nos arrastre hacia el desastre. La educación de adultos tiene futuro. Sólo hay que trabajar para construirlo.

En conclusión, de ninguna forma el camino está hecho. Si creemos en nuestras posibilidades, si mostramos la valía de la propuesta educativa, si forjamos puentes con la sociedad y con los alumnos, si aprendemos de los errores y de los aciertos, si sabemos ser honestos y adquirimos la reflexión como estrategia de futuro, le daremos la vuelta al significado de la escuela de adultos para convertirla en un espacio innovador de referencia entre la comunidad educativa.

Lo podemos hacer, paso a paso. Falta únicamente que empecemos desde ahora mismo y demos el primer paso.


(Artículo publicado originalmente en INED21. Para leer más, sigue este link)

dimarts, 6 d’octubre del 2015

[091] La evolución ignorada: cambios y retos de la educación para adultos

Hay un desconocimiento general de lo que es hoy en día la educación para adultos. Muchos piensan que está fosilizada, que vive al margen del mundo educativo y que sirve para “entretener” a un alumnado ya curtido en años. Pues TODOS se equivocan muy fuerte, como diría Miguel Noguera. La educación para adultos ha cambiado notablemente y los implicados en ella trabajan duro para darle la vuelta a esta idea generalizada. Pero pese a los esfuerzos, aún deben luchar contra el olvido de la administración educativa, el desdén de los profesores de otros ámbitos y la desinformación de los alumnos.
Para verter un poco de luz sobre esta cuestión, voy a comentar de qué manera la educación para adultos ha cambiado y qué retos –presentes y futuros– tiene por delante. Para ello, es imprescindible mantener el foco de atención en dos aspectos: en la evolución propia de la escuela de adultos y en el papel del profesional en este ámbito.
1
LA ESCUELA DE ADULTOS, ANTES Y AHORA
Las escuelas de adultos surgieron a mediados del siglo XIX. El objetivo era, en general, alfabetizar y formar en saberes básicos a los adultos (en esa época el término se refería a adolescentes entre 13 y 15 años) a través de clases nocturnas o dominicales. Además, no era para nada una educación obligatoria, salvo en poblaciones de más de 10.000 habitantes. El problema de esta formación es que no difería en nada a la escolarización elemental. De hecho, las aulas, los profesores y las metodologías eran exactamente las mismas que educaban a los pequeñines.
No será hasta inicios del siglo XX que los centros de adultos comenzarán a parecerse a los actuales. Se creó una primera reglamentación exclusiva para estos estudios, con objetivos determinados y unas asignaturas concretas. De todos modos, todavía tenía demasiados parecidos con la enseñanza primaria y, como ésta, se centraba exclusivamente en la memorización, en la alfabetización pura y dura.*
Por desgracia, en pleno siglo XXI, la visión en algunos aspectos no es muy diferente. La comunidad educativa se la mira aún con displicencia, en plan “perdonavidas” sin saber que el ecosistema de la escuela de adultos ha cambiado. Lo cierto es que es un espacio más complejo: la infraestructura, la organización actual, los objetivos y la oferta formativa se han multiplicado. Así, no sólo alfabetiza, sino que también consigue que muchos alumnos obtengan la ESO, se formen para los exámenes de Grado Medio, de Grado Superior, de diferentes idiomas, consigan un certificado oficial de informática; o, simplemente, aprendan dibujo y pintura, practiquen yoga, creen su propio scrapbooking o conversen sobre la última novela que han leído. Es por esto que el mayor cambio está en la heterogeneidad de su oferta.
Por supuesto que en la escuela de adultos cabe cualquier aprendizaje. Es más, debe dar respuesta a todas las necesidades posibles. Y hay tantas necesidades como motivaciones para iniciar una formación en la escuela de adultos. Puede ser que surjan para buscar una mejora de la situación laboral, para “refrescar” la mente, para aprender lo que no se pudo en su momento, para pasar el rato, etc. Sea cual sea, la escuela de adultos es el lugar de referencia dónde el aprendizaje debe reencontrarse con la curiosidad, con la emoción, con las personas de tú a tú
Por tanto, nadie puede quedar excluido, dado que, a diferencia de otros estudios, el alumno se inscribe porque quiere aprender, lo desea. Esta ventaja convierte a la escuela de adultos en un espacio abierto, inclusivo y ecléctico. En este sentido, como reto de futuro, debe seguir en esta línea y saber gestionar un espacio tan heterogéneo, dando respuesta a las necesidades de los alumnos.
Pero no podemos detenernos ahí. Porque la educación de adultos no puede pecar de ofrecer un trato clientelar a los alumnos: “entras, haces el curso y te vas”. La formación que se realiza, sea por la motivación que sea, debe complementarse con estrategias para la construcción de un entorno vivo en el que no sólo aprende, sino que se aporta conocimiento en beneficio de toda la sociedad. Se necesita, pues, añadir humanidad a la formación de adultos. Esto significa enseñar en la conciencia social, en la pertenencia a una comunidad, en la capacidad integradora y generadora de cultura para todos. Son herramientas que ayudarán a adquirir una formación para toda la vida que satisfaga todas las necesidades. Pero al mismo tiempo, será una formación valiente y comprometida con las personas, con el territorio y con uno mismo.

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LOS PROFESORES DE ADULTOS, ANTES Y AHORA
Por otra parte, no cabe duda de que el rol docente en la educación para adultos no es el mismo. Hace poco más de un siglo, la educación de los adultos era, simplemente, una extensión de los estudios básicos, pensada sobre todo para enseñar a leer, escribir, calcular y, claro, a rezar. Si a eso se le suma la precariedad de los recursos, unos profesores poco preparados para tratar con un alumnado que apenas asistía a clases después de una dura jornada laboral, se obtiene una enseñanza para adultos muy pobre.
Actualmente, si bien es cierto que aún hay docentes que están en la escuela de adultos como en una especie de limbo a la espera de un trabajo mejor, o que han construido su “cementerio para elefantes” particular; la mayoría de los profesores que trabaja en las escuelas de adultos son PROFESIONALES. Unos profesionales comprometidos con la enseñanza de adultos, conocedores de la idiosincrasia de este tipo de formación que saben aplicar metodologías que fomentan el aprendizaje colaborativo, participativo y democrático. Saben qué es eso de la innovación educativa, saben gestionarla para ofrecer a los alumnos nuevas experiencias de aprendizaje basadas en la práctica, saben conectar con ellos –con los alumnos y con las personas–, con sus necesidades, sus ritmos de aprendizaje, su realidad.
Porque hay que entender de una vez por todas que son otro tipo de alumnado con características propias. Cada uno de ellos tiene ya una maleta llena de saberes y, aún más importante, de experiencias de éxitos y de fracasos sonados. Debemos ser conscientes de la realidad de cada alumno para ayudarle a reordenar esa maleta, que siga metiendo más conocimientos que construyan su aprendizaje futuro. Como objetivo de futuro, pues, los docentes tenemos que potenciar el aprendizaje autónomo, desarrollando de este modo la personalidad, el espíritu crítico y la conciencia social de cada uno. Necesitamos para ello metodologías que rompan con las maneras tradicionales, que creen experiencias educativas colaborativas con impacto tanto dentro como fuera del aula. Además, estas metodologías deben ayudar a (re)conocer las estrategias de aprendizaje de cada alumno y a generar nuevas expectativas de futuro.
Asimismo, también es importante que se establezcan puentes con la comunidad educativa del entorno, con agentes sociales, cívicos y culturales para aprovechar al máximo la educación de kilómetro 0, la que se origina en las aulas, la que se expande por el barrio y la que, en definitiva, se comparte con todo el municipio o ciudad. Todo ello servirá para lograr un objetivo doble: proporcionar educación de calidad y cultura de proximidad para todos.
Pero es aún más importante echarnos una mano entre todos. Hay que fortalecer los lazos entre escuelas de adultos y profesionales para compartir experiencias, metodologías y proyectos. Por esto, debo reivindicar más presencia de la educación de adultos en jornadas y congresos educativos, así como más espacios de reflexión propios dónde se puedan confeccionar futuras líneas de investigación.
En fin, ése es mi deseo: que la idea de educación para adultos no se menosprecie ni que se ignore, sino que siga evolucionando. Porque no es sólo un lugar de alfabetización, ni tampoco un “recurso” que saca las castañas del fuego a las administraciones educativas para rebajar el alto fracaso escolar. La educación para adultos cuenta con profesores capaces de generar innovación educativa para el bien de los alumnos. La educación de adultos tiene cuerpo y, sobre todo, alma, la cuál va unida a la comunidad, al barrio, al entorno de sus alumnos y a su desarrollo personal.
En conclusión, la escuela de adultos demuestra que se ha ganado un respeto en el sistema educativo, construido con profesionalidad, cercanía y compromiso social con los alumnos. Y con la Educación.


BIBLIOGRAFÍA
*Guereña, J.L. (2009): Las Escuelas de adultos revisitadas (segunda mitad del siglo XIX – principios del XX). Moreno Martínez, P.L. y Navarro García, C. (Coords.) Perspectivas.

dimecres, 19 d’agost del 2015

[086] ¿Para qué sirve la educación para adultos?


Voy a empezar fuerte la primera colaboración con INED21 preguntándome lo siguiente: ¿para qué sirve la educación? Puede que no sea nadie (y no lo soy) para responder a esta pregunta. Hay, además, profundas reflexiones de personas que hablan con la seguridad digna de las auténticas eminencias de la docencia. Pero podría añadir una nueva lente a todo este caleidoscopio educativo si hablo desde el ámbito en el cual trabajo: la formación para personas adultas. Es por esto que replanteo la pregunta: ¿para qué sirve la educación para adultos?

Para muchos, éste es el cajón de sastre del sistema educativo, olvidado por las instituciones educativas y eventos relacionados con la innovación pedagógica, ahogado por iniciativas privadas e infravalorado por los que creen que es una “educación de segunda”. Lo que mucha gente desconoce es que la educación para las personas adultas ha cambiado mucho y, afortunadamente, se está reivindicando como una plataforma que puede impulsar decisivamente el futuro laboral y académico de los estudiantes que pasan por sus aulas.

Desde mi punto de vista, la escuela de personas adultas facilita una segunda oportunidad, pero también una tercera, una cuarta o una quinta. ¡E incluso una primera oportunidad! ¿Es posible eso? Evidentemente que lo es si se tiene en cuenta que el perfil del alumnado es tan heterogéneo como único a la vez. Las circunstancias vitales y la (mala o difícil) experiencia académica son los argumentos más repetidos por todos los alumnos que deciden retomar sus estudios. El aumento gradual de estudiantes en las aulas de adultos demuestra que nunca es tarde para (re)aprender, hecho que da sentido al lifelong learning. Este concepto rompe con la tradicional creencia que la educación es un período que se vive durante una etapa limitada de nuestras vidas.

Por tanto, no entiendo la educación como quien recuerda “la mili” o el día de su boda. La educación es un proceso permanente de construcción y adquisición de conocimientos formal e informal. Esto significa que cualquier persona debe tener la oportunidad de subirse de nuevo a un tren que, por un motivo u otro, tuvo que abandonar. Entonces, la educación de personas adultas sirve, en términos generales, para reemprender de nuevo el viaje hacia el aprendizaje de los alumnos, partiendo de los conocimientos previos para conectarlo de nuevo y de manera consciente con la vía de su propio proceso educativo.

Partiendo, pues, del hecho que los alumnos ya tienen una mochila de experiencias educativas, saberes adquiridos a través de diversas metodologías y vivencias de éxitos y fracasos, la escuela de adultos reorganiza lo aprendido hasta el momento por los alumnos para orientarlo hacia lo que le falta por alcanzar. Pero además, dirige también este aprendizaje hasta la estación de una formación futura, reconducida y contextualizada siempre a las inquietudes personales y las necesidades académicas futuras de los alumnos.

Para espolearlos durante el viaje, muchos optarían por utilizar las palabras esfuerzo, estudio, voluntariedad o responsabilidad para crear un discurso que incite a valorar el trabajo que supone la construcción de un futuro. Yo intento rehuir de estos parámetros a la hora de tratar con los alumnos que quieren retomar sus estudios y, en cambio, les hablo de otro concepto todavía más importante: la conciencia. Creo que es el término clave para animar los alumnos jóvenes y no tan jóvenes porque determina la predisposición de los alumnos ante el proceso de aprendizaje. Para entendernos, hay que activar el mecanismo que permita el “cambio de chip”, hacer que los alumnos se impliquen de manera activa en su formación y asuman un compromiso con su futuro. Y esta es una tarea que hay que poner en marcha desde el primer día.

Claro está que no es un trabajo fácil para los alumnos, pero tampoco para los profesionales. Porque ya no sólo se trata de conseguir un título o ganar una formación, sino que en muchos casos es asumir un reto. Entiendo qué pueden sentir tanto los alumnos jóvenes como los no tan jóvenes que retoman su formación en una escuela de adultos. Y es que no hay nada más difícil que enfrentarse con el fantasma del fracaso escolar. Las malas experiencias académicas reviven, las oportunidades perdidas reflotan y las piernas de la seguridad flaquean. Por eso, además de conocer sus intereses, sus antecedentes académicos y sus motivaciones, se debe crear un vínculo de confianza mutua que permita al alumno ser consciente de que su reincorporación a la educación es el primer paso para volver a la vía de su aprendizaje.
Aunque todo este proceso de concienciación también necesita profesores entregados y motivados. Pero, sobre todo, formados. Hace algunas décadas, la formación del profesorado en la educación para adultos estaba basada en la experiencia previa con otros cursos de primaria y de secundaria, la cuál resulto imprescindible para conformar una base formativa para el aprendizaje en este ámbito. Ello no provocaba que se tuviera la sensación de que a los docentes de las escuelas de adultos nos faltara preparación, dada la tipología de los alumnos y de la especificidad de los estudios. O dicho de otro modo, tratábamos la educación para adultos como si fuera una educación para niños o adolescentes. Afortunadamente, y desde hace bastantes años, ha habido una mejora sustancial de la calidad formativa en la educación para adultos. Y todo gracias al trabajo de profesionales que han querido mejorar las metodologías en este ámbito educativo, a una oferta de másters y postgrados de calidad, a proyectos conjuntos entre centros de adultos, al intercambio entre docentes de experiencias y recursos a través de las redes sociales, etc. Todo ello ha dignificado una formación que, en estos tiempos, se ha revalorizado y emerge como un motor de innovación educativa. De hecho, debe serlo por naturaleza.
 
Si tenemos en cuenta que, entre otros factores, algunas maneras de enseñar les han hecho fracasar en su época formativa anterior, queda claro que no podemos enseñar como antes a unos alumnos que pretenden retomar los estudios. Por ello, y para conseguir ese clima de confianza, los profesores deben agitar a los alumnos con metodologías que se aparten de las de toda la vida, que sean más vivas, dinámicas, prácticas, que conecten con su entorno real y que permitan la reflexión de lo aprendido y cómo se ha aprendido. De este modo, se consigue el ambiente ideal para motivar a los alumnos a rehacer y encaminar el proceso de aprendizaje.

Así, y desde mi experiencia en la formación permanente, el docente debe fomentar métodos de aprendizaje motivadores con proyectos reales que permitan el análisis y la reflexión sobre el mundo que nos rodea, con el objetivo de aprovechar y mejorar las herramientas cognitivas y metacognitivas de nuestros alumnos. De esta manera la educación para personas adultas tendrá sentido, ya que sabrán focalizar su aprendizaje en la vida y sabrán valorar la oportunidad que nunca les concedió el sistema educativo para completar su formación. Pero también tomarán consciencia de que el viaje de su educación aún no ha acabado y que tienen toda una vida para aprender, descubrir y compartir.


diumenge, 16 d’agost del 2015

[085] DidàcTIC a INED21

Volia anunciar-vos que, en breu, iniciaré he iniciat la col·laboració amb INED21, la revista digital d'educació i aprenentatge en castellà. Sens dubte, és un espai plural i de referència a la xarxa per la visió multidisciplinar de l'educació, generada a través dels professionals que hi participen i dels excel·lents articles que s'hi poden llegir.

Agraeixo de tot cor als responsables d'aquesta publicació l'oportunitat  d'escriure-hi perquè serà una excel·lent manera de donar visibilitat a l'educació de les persones adultes, des de la perspectiva més genèrica del terme. 

Així, i per diferenciar els articles que escriuré a INED21 dels posts de DidàcTIC, intentaré desenvolupar temes que facin reflexionar sobre l'educació permanent (innovació educativa, metodologies, el paper del professor d'adults, reptes pendents, etc) i permetin donar una imatge moderna i enriquidora de la formació d'adults.

Espero, doncs, que sigui una col·laboració fructífera i apassionant. Si m'hi voleu acompanyar, sereu benvinguts.